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La capacidad creativa nos abre nuevos caminos hacia el desarrollo personal

En la situación actual de confinamiento necesitamos potenciar la capacidad creativa en pro del aprendizaje vital, el desarrollo personal y el bienestar. La creatividad nos permite la adaptación a nuevas situaciones, ya que implica mirar en nuestro interior, revisar conocimientos adquiridos y abrirnos a nuevas posibilidades.

La creatividad es el motor de cualquier transformación, una capacidad que incrementa nuestras habilidades en el ámbito personal y profesional. El potencial creativo es universal, está en cada uno de nosotros. El elemento lúdico, el juego, es el factor fundamental de la creatividad y forma parte del proceso de desarrollo de las personas.

La conciencia creadora se manifiesta cuando el individuo, en una modalidad lúdica, alienta una serie de posibilidades sin preocuparse por el éxito o fracaso personal y el modo en el que será visto a ojos de los demás.

La aptitud creadora, inherente al proceso de formación, conduce al individuo a realizar nuevas asociaciones. De esta manera, la persona activa su mente y desarrolla sus potencialidades.

Elliot Eisner, profesor de arte y educación, fue reconocido por la formulación de políticas educativas para comprender mejor el potencial de las artes en el desarrollo educativo. El académico describió las principales características que se encuentran en la conducta creativa:

  • Romper los límites. La creatividad cuestiona o rechaza premisas en las que se basan los principales supuestos contemporáneos, reestructurando nuestra visión de la realidad.

  • Inspiración. La creatividad implica originalidad, intuición, inventiva, descubrimiento, productividad y espontaneidad.

  • Redefinir. La capacidad creativa extiende los usos que pueden tener los objetos.

  • Invención. La creatividad supone modificar los objetos de tal manera que se llega a crear un nuevo objeto.

  • Organización estética. Ser creativos implica organizar determinados elementos de manera armoniosa, satisfactoria y funcional.

Los procesos intelectuales como la organización, estructuración, formación de conceptos, y modo de establecer relaciones y asociaciones son los que implican un alto nivel de creatividad. Se han hecho investigaciones sobre rasgos y características relevantes en individuos creativos, en las que se han destacado cuatro factores necesarios para el desarrollo de la creatividad:

  1. Fluidez: capacidad de producir ideas, asociaciones, formas, etc. Consiste en poder recuperar la información de la propia memoria.

  2. Flexibilidad: capacidad de transformar, moldear, adaptarse a nuevas situaciones, de trabajar en grupo. Consiste en la posibilidad de transformar la información aprendida.

  3. Elaboración: capacidad de desarrollar una idea o soluciones entorno a una situación.

  4. Originalidad: capacidad de dar una respuesta o perspectiva inesperada, peculiar, poco frecuente, lo que establece una nueva organización.

Los académicos Güilford y Lowenfeld añaden otros cuatro indicadores del pensamiento creativo:

  1. Sensibilidad para los problemas: habilidad para cuestionar, descubrir deficiencias y barajar diferentes perspectivas.

  2. Redefinir-transformar: habilidad de transformar una cosa, emplearla para funciones que no son la suya específica, otros usos o aplicaciones.

  3. Analizar: capacidad para desintegrar un todo en sus partes, como un factor creativo que nos puede descubrir nuevos sentidos y relaciones entre los elementos de un conjunto.

  4. Sintetizar: enlazar elementos varios para formar un todo novedoso.

Hallar un estado emocional, físico y mental para entrar en el proceso creativo depende de nosotros mismos. El poder estar presentes con todo nuestro ser es un ejercicio y un hábito. Para ello, podemos acogernos a los recursos que nos ofrecen diferentes técnicas creativas que mezcladas nos llevan a un estado óptimo para crear nuevos escenarios.

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